Un cliente potencial te encuentra en Google desde el móvil, con una conexión normal. Su necesidad es concreta: una reparación urgente, un presupuesto. Durante tres segundos mira una pantalla en blanco. Después vuelve atrás y toca el siguiente resultado: tu competencia. Nunca sabrás que estuvo allí.
Este es el punto ciego de la mayoría de sitios de empresa: la lentitud no dispara ninguna alarma, solo recorta el número de visitantes que llegan al final de su visita. La buena noticia es que el rendimiento web se mide gratis, en unos minutos, y depende mucho más de decisiones técnicas tomadas al principio que de un presupuesto. Es la base de nuestra creación de sitios web rápidos.
La velocidad no es un detalle técnico, es facturación
El rebote: el cliente que se marcha sin decir nada
La tasa de rebote es la proporción de visitantes que se van sin hacer nada más que mirar la página de entrada. Un estudio publicado por Google en 2017 sobre sitios móviles estableció que la probabilidad de rebote sube alrededor de un tercio cuando el tiempo de carga pasa de uno a tres segundos. Quien busca un profesional un domingo por la tarde tiene tres pestañas abiertas: el primer sitio que aparece se lleva la llamada.
Cada etapa del recorrido paga la lentitud
La página de inicio es solo la puerta de entrada. El coste real se paga en el resto del camino: la página de servicios que tarda en abrirse, la galería que carga a trompicones, el botón que no responde de inmediato. En cada uno de esos puntos, una parte de los visitantes abandona. Un sitio rápido no aumenta mágicamente tu tasa de conversión: deja de hundirla.